Bakpak y EOVASTUDIO han sido galardonados en la séptima edición del Premio AMAD de Arquitectura en Madera, otorgado por la Asociación Madera y Arquitectura, por Oceanika, un proyecto de coliving, de más de 15.000 m2, compuesto por 180 apartamentos y un conjunto de espacios colectivos como zonas de coworking, salones comunes, gimnasio y jardines exteriores.
Oceanika
Fruto de un concurso convocado por un promotor
privado, propietario de la parcela del antiguo hotel “Los Álamos” en
Torremolinos (Málaga), nace el proyecto denominado por los inversores como
“Oceanika”, un edificio de apartamentos y usos comunes (Coliving) con unas
premisas iniciales complejas que han condicionado todas las decisiones del
proyecto. Ni el lugar, ni el programa, ni el sistema constructivo ni el plazo
de ejecución responden a criterios o procesos de construcción convencionales,
aunque sí a la sensibilidad medioambiental y social contemporánea que debería
guiar el futuro de la arquitectura.
La parcela del proyecto es realmente un vacío urbano
en una zona desestructurada, sin fachada directa a espacios públicos, estando
delimitada por una carretera nacional, una vía ferroviaria de cercanías, una
estación de repostaje y una pequeña zona de accesos a un edificio comercial.
Todas estas limitaciones, más allá de constituir un problema a la hora de
proyectar, han permitido que la estructura organizativa del edificio se desarrolle
libremente buscando las mejores condiciones posibles para cada uno de los
espacios, configurando el conjunto edificado como una yuxtaposición de unidades
residenciales más que de un edificio rotundo de forma simple y
esquemática.
Por otro lado, ampliando el campo de visión, la
Sierra de Mijas y el Mar Mediterráneo, pero también el soleamiento, las brisas
marinas y las templadas temperaturas del Sur peninsular, han brindado la
oportunidad de convertir un lugar aparentemente inhóspito en un entorno
privilegiado para los futuros usuarios del edificio.
La construcción se planteó desde el principio como
totalmente modular e industrializada. Todo ello junto con los requisitos de levantar
más de 15.000 m2 en unos 12 meses de obra, con un consumo energético
casi nulo y la mínima huella de carbono posible en una construcción de este
tipo, enfocó la génesis estructural irrevocablemente hacia un sistema de muros
y forjados de madera contralaminada (CLT de pino radiata) de espesores entre 10
y 12 cm para levantar las cinco plantas del complejo sin más estructuras de
hormigón armado que las estrictamente necesarias para la cimentación del
conjunto.
De este modo, el proyecto se dibuja como una
agregación orgánica del mismo módulo matriz, un racimo de unidades que se van
engarzando a través de un elemento lineal y continuo, el cual, a partir de un sistema
de pasarelas de anchura variable que van conectando cada una de estas piezas y
atravesando un conjunto de patios ajardinados, permite que el usuario final transite
metafórica y figurativamente por un camino suspendido entre árboles frondosos
hasta llegar a la puerta que le conduce a su destino privado.
Todos los apartamentos son iguales pero al mismo
tiempo diferentes. Todos nacen a partir del mismo módulo matriz de 6 x 8
metros. Todos tienen amplias terrazas en esquina, visiones diagonales, filtros
fijos y correderos para protegerse del sol mientras se consigue intimidad. A su
vez, cada nivel varía en la configuración de estas terrazas exteriores mediante
un escalonamiento en sección, reduciendo la presencia del volumen en altura simultáneamente
y mejorando las condiciones de soleamiento de los espacios exteriores del
edificio.
Además de los 180 apartamentos que componen el
proyecto, un conjunto de zonas comunes se concentra mayoritariamente en dos partes
del edificio: la entrada principal al complejo donde se ubica la recepción y un
coworking con salas de reuniones y espacios polivalentes de trabajo, por un
lado, y por otro el módulo central de dos plantas que alberga la cocina
comunitaria con comedor, un gimnasio, un salón social y una lavandería.
La construcción se
acerca todo lo posible al límite norte de la parcela, dejando hacia el sur el
espacio abierto y ajardinado con mayor riqueza y complejidad visual, casi como
un oasis para los sentidos donde disfrutar del frescor del agua, la vegetación
y el aprovechamiento máximo de la luz solar. Para potenciar este efecto, se introduce
una vegetación alta y densa en el perímetro de la parcela que aísle visualmente
los espacios abiertos de los puntos conflictivos del entorno. Las zonas exteriores contarán con
zonas verdes de matorral mediterráneo, una piscina orgánica, parque infantil y zonas
pergoladas para la creación de espacios exteriores sombreados.
Los Premios AMAD: Arquitectura de excelencia en
madera
Los Premios AMAD reconocen los proyectos de
arquitectura, rehabilitación o interiorismo que destacan por su innovador uso
de la madera, material natural y sostenible. Estos galardones son un escaparate
para poner en valor la creatividad y la capacidad de la madera para construir
entornos más saludables y sostenibles.
El jurado de la 7ª edición de los Premios AMAD 2025 ha
estado constituido por Íñigo Ortiz Díez de Tortosa, socio fundador de
Ortiz-León Arquitectos; José Enrique Peraza Sánchez, arquitecto y
director de la revista AITIM; Marta Vall-llossera Ferran, arquitecta
y presidenta del CSCAE; José Carlos Mera Rodríguez, arquitecto de ASA; José
Manuel Cabrero Ballarín, catedrático de la Universidad de Navarra y
director de la Cátedra de Madera Onesta; José Luis Ramos Caballero, colaborador
en ONESTA y CEO de Ramos Caballero Arquitectos; y José María Marzo Díez,
arquitecto de Tectónica.
Imágenes: Javier CallejasPlanos: Bakpak y EovaStudio