Este martes se ha celebrado, en la sede de la Fundación FIDAS, Pabellón de
Finlandia de la Expo’92, el acto homenaje
a los colegiados y colegiadas que han cumplido 50 y 25
años de colegiación durante los años 2025 y 2026.
El acto se
inició con la actuación del Coro del COAS, dirigido por Ana Alonso, que dio apertura a un encuentro
concebido como reconocimiento a la trayectoria profesional, la dedicación y la
contribución a la arquitectura de los colegiados y colegiadas homenajeados, así
como a su vinculación con la institución colegial a lo largo de estos años.
Nuria Canivell, decana
del COAS, fue la encargada de dar la bienvenida a los asistentes
y destacó que “hoy no celebramos solo una cifra. Celebramos trayectorias
profesionales construidas a lo largo del tiempo, el compromiso con la
arquitectura y la vinculación sostenida con esta institución que compartimos”.
Durante su
intervención, Canivell subrayó también que “este acto es también un espacio de
encuentro entre generaciones, una oportunidad para reconocernos como parte de
una misma profesión, con trayectorias diversas pero con un vínculo común: la
arquitectura y el Colegio.”
Asimismo,
añadió que “a lo largo de los años, la profesión ha cambiado, como ha cambiado
también el contexto en el que desarrollamos nuestra labor. Pero hay algo que
permanece: la capacidad de la arquitectura para dar respuesta, para mejorar la
vida de las personas y para construir entorno, ciudad y sociedad. Y esa
continuidad, esa manera de sostener la profesión en el tiempo, es precisamente
lo que hoy reconocemos”.
La decana del
COAS concluyó dando las gracias por “vuestra trayectoria, vuestra dedicación y vuestro
compromiso, y por seguir formando parte de este Colegio, que se reconoce en
cada uno de vosotros y en todo lo que habéis aportado a la profesión, y que es
hoy lo que es gracias a quienes lo habéis construido y sostenido a lo largo del
tiempo”.
A
continuación, se procedió a la entrega de diplomas e insignias a los colegiados
y colegiadas que han cumplido 50 años de colegiación.
En
representación de los colegiados y colegiadas que han cumplido 50 años de
colegiación, intervino Enrique Cosano, quien inició su intervención
recordando sus primeros años como profesor en la Escuela de Arquitectura de
Sevilla. En este sentido, señaló que “esa experiencia ha sido el mayor
aprendizaje de mi vida por la proximidad con los alumnos durante 16 años, de
1975 a 1991”, al tiempo que se reconoció como testigo directo de “las
evoluciones y los cambios que hemos sufrido en la confección de la
arquitectura, en cómo se manifestaba, qué importancia tenía, cómo se pensaba el
proyecto”. Asimismo, apuntó que “la enseñanza de aquella época era muy
precaria en medios”.
Durante su
intervención, Cosano puso en valor el aprendizaje recibido y la influencia de
figuras clave en su formación, mencionando expresamente a Alberto Donaire,
Manzano o Rafael González Sandino, de quienes destacó que “su enseñanza fue
un terremoto que nos ha hecho entroncarnos con la cultura que rodea la
arquitectura y entender que la arquitectura es manifestación y cultura”,
subrayando además que “la evolución de la civilización se manifiesta en la
arquitectura como una de sus principales formas de expresión”.
En relación
con su etapa formativa, evocó también las condiciones del plan de estudios y
del entorno académico, que calificó como exigente, destacando el carácter
vocacional de parte del profesorado y la cercanía entre un número reducido de
alumnos, lo que favorecía una experiencia compartida muy intensa.
Cosano
reflexionó igualmente sobre la evolución de la profesión, señalando que “ahora
no hay autoría, no hay reflexión, solo un trasvase de conocimientos a través de
internet”, en contraposición con otras etapas en las que los modos de
ejercer la arquitectura eran más limitados. En este sentido, apuntó que “antes
éramos arquitectos o arquitectos”, frente a la diversidad actual de salidas
profesionales.
Asimismo, hizo
referencia a “la obligatoriedad en 1975 de pertenecer a mutualidades, como hna,
formaba parte de un ecosistema de cobertura de salud, previsión de futuro y
jubilación, que ha ido evolucionando hasta la actualidad y se ha convertido en
empresa aseguradora”. En este contexto, trasladó una reflexión crítica al
señalar una “sensación de no transparencia, de pérdida de lo que significa una
mutualidad”, manifestando que tanto él como otros compañeros de su generación
se sienten progresivamente excluidos.
Finalmente,
habló del papel del Colegio en el contexto actual, señalando que “si el
Colegio, que está ejerciendo una labor muy importante, no consigue evitar que
los abusos de la legislación o los pliegos de condiciones, que son increíbles, excluyan
a arquitectos con experiencia y los condenen al ostracismo cuando detienen su
actividad durante un periodo de tiempo…”. En este sentido, afirmó que “yo
confío y reivindico que el Colegio ayude a que la profesión se ejerza
adecuadamente, sin competencias desleales ni de otras profesiones”, y reivindico
públicamente “la trascendencia que tiene ejercer correcta y dignamente la
arquitectura, porque tiene un cometido social muy importante Tenemos la
obligación de ser honestos, honrados y dignos en el ejercicio de la profesión”.
Posteriormente,
tuvo lugar la entrega de diplomas e insignias a los colegiados y colegiadas que
han cumplido 25 años de colegiación.
En
representación de este grupo, Gabriel Verd intervino destacando que “estamos
aquí porque esto nos gusta. Porque, a pesar de todo, seguimos creyendo que ésta
es una profesión extraordinaria. Creamos los escenarios donde se desarrolla la
vida cotidiana. Si algo define nuestra vida profesional en estos años ha sido
la capacidad de adaptarnos a una realidad cada vez más compleja”.
Además, indicó
que “hoy parece que todo debe acelerarse … producirse antes. Y, sin embargo, el
pensamiento arquitectónico tiene otro ritmo. La cabeza, el lápiz va a otra
velocidad. Y quizá el drama de nuestro tiempo es ése: que hemos aprendido a
producir muy deprisa, pero estamos olvidando cómo pensar despacio”.
Asimismo,
subrayó el papel de la institución colegial, señalando que “la labor del
Colegio resulta hoy más importante que nunca, como espacio de cohesión, de
defensa, de encuentro y debate, de conversación entre generaciones,
acompañamiento profesional y de conciencia colectiva. También de hermandad,
para fortalecer el sentimiento de pertenencia a una profesión que necesita
reconocerse a sí misma para poder hacerse reconocer fuera”.
En esta
edición han sido 177 los arquitectos y arquitectas homenajeados, en un acto que
ha sido también un espacio de encuentro entre distintas generaciones de
profesionales vinculados al Colegio.
Fotografías: María Cano Rico